Al principio pensó que era imposible. Pero poco a poco la canica fue creciendo en su cabeza hasta convertirse en una pelota. La pelota se hinchó, con ideas, poemas, canciones, palabras, secretos y sueños. Nadie más lo notaba, sólo su ser. Cuando pasó a ser un globo, ascendió hasta un mundo propio. Durante el viaje, lanzó el lastre que le había paralizado durante años.